Oficios y juego: Jardinería

11/06/2020
  • Jardínería: Oficios que enseñan sobre la vida

  • No les voy a mentir, será por el desconfinamiento, la primavera tardía o el verano en ciernes, pero quería escribir este post. Les advierto que tras el teclado está una amante de la jardinería y defensora (casi a ultranza) de la necesidad humana del contacto permanente con la naturaleza. Soy de esas que prefiere plantas por doquier porque la clorofila es una suerte de vitamina para mí. De esas que nunca han entendido por qué tener una planta artificial cuanfo puedes cuidar de una verdadera y que se rinde a los verdes y las flores en la decoración casi como un ritual. Quizás es porque vengo del trópico, región en la que la naturaleza crece por doquier y se apropia de los espacios sin permiso, y es que no hay rincón en el que el sol y la buena lluvia no hagan brotar de forma silvestre y casi sin esfuerzo cualquier semilla. Pero más allá de eso, más allá del riesgo proyectivo, creo firmemente que la jardinería potencia y desarrolla en los niños y niñas valores y aprendizajes necesarios para la vida misma.
  • Excusas aparte, vengo a contarles los beneficios objetivos que la jardinería según palabras expertas de educadores, médicos y psicólogos tiene para niños y niñas. Aprovechando que el buen tiempo nos permite más horas al aire libre y, que con el verano encima los deberes escolares ceden paso a una vida familiar más ligera y ¿por qué no decirlo? más divertida les hablaré de la buena alianza que resulta de juntar infancia y trabajar el jardín, plantar y sembrar. La jardinería es una actividad recreativa en la que los peques también aprenderán matemáticas y cálculo (cuántas semillas utilizar, cómo dividir los espacios para la siembra), biología (tipos y categorías de las plantas, la fotosíntesis, animales e insectos)  y lenguaje (vocabulario nuevo de botánica y zoología).

    La jardinería y la horticultura se practica con todos los sentidos y eso para los niños, y también algún adulto, despierta fascinación. ¡Es que es un juego! divierte, relaja y ofrece recompensas preciosas que acompañarán la experiencia de niños y niñas a lo largo de su vida. Todo esto sin mencionar que el contacto con la naturaleza, se traduce en salud mental y física. Espero que después de leerlo, no les queden excusas suficientes para no entregarse a la experiencia "disfrutona" de desarrollar sus "dedos verdes", con la consecuente deriva de que terrazas, descansillos y cornisas se beneficien y alimenten de la curiosidad propia de lxs niñxs y de la espera paciente para ver florecer y cosechar los frutos del trabajo de la buena tierra en las manos. 
  • Debemos entonces comenzar contando los primeros beneficios de la jardinería la posibilidad de crear en los niños apego por el planeta y sus criaturas porque ¿cómo podemos desarrollar conciencia ecológica si no fomentamos la conexión de lxs niñxs con el espacio natural?. Está claro, aprendemos haciendo y no hay mejor forma de llegar a ser sensible a algo que conectándonos con ello. Incorporándolo entre nuestras vivencias afectivas y emocionales.
    Tenemos entoces que una de las primeras bondades de la jardinería es sentar las bases para una forma de relación de la especie humana con la naturaleza más cercana, sostenible y sensible.

    Que niños y niñas conecten con lo que está en la tierra y con lo que la tierra nos da. Desde los bichillos que viven en ella, las plantas, árboles y flores hasta los frutos y verduras que nos alimentan. Todo el ecosistema que rodea un jardín del que ellxs como especie, también forman parte. Esta relación vincular es la semilla, nunca mejor dicho, necesaria para formar y fortalecer mentalidades ecológicas en el futuro. Experimentar, conocer in situ la fauna propia de la tierra que labran (lombrices, bichos bola, hormigas, mariposas) así como las particularidades de cada planta, hojas y flores, permite desarrollar el conocimiento activo del entorno fomentando la curiosidad por conocer más profundamente aquello que les rodea, empatizando con la naturaleza. 
  • Es habitual que en las escuelas se desarrollen actividades de horticultura y esto no es sólo porque se ha comprobado con estudios rigurosos que favorece el trabajo en equipo y la disciplina, sino también porque ayudan a consolidar los contenidos que se desarrollan en el aula, fortaleciendo la consistencia de la información adquirida en clases. La jardinería desarrolla habilidades de concentración y observación, pero también agudiza el sentido de la responsabilidad, todas facultades imprescindibles en el éxito escolar en particular y en la vida en general.

    Es evidente que estos valores funcionan como espejo en el comportamiento social, por eso contribuye a formar niños y niñas con pensamiento divergente, responsables, cooperativos, más creativos y resolutivos. En las escuelas existe una preocupación cada vez mayor por la importancia de crear hábitos de vida saludables y la jardinería implica actividad física ¡es imposible practicar la jardinería o el cultivo en huerto sin movernos! pero además potencia la motricidad fina y la motricidad gruesa mientras favorece patrones de alimentación también más beneficiosos no sólo en el ámbito escolar sino extensibles al ámbito doméstico. No hay nada más satisfactorio para lxs niñxs que cocinar y alimentarse ¡de los productos que han cultivado y cosechado! y esa experiencia de triunfo y satisfacción va aparejada al refuerzo de la autoconfianza y la autoestima. Ambas recompensas son asimilables a la noble y divertida actividad que practicamos en el jardín.

    Pero incluso si la siembra no da frutos, en forma de flores o alimento, podemos aprovechar la oportunidad para entrenar la tolerancia a la frustración y promover actitudes de perseverancia y tenacidad. Todos ellos son aprendizajes asociados al trabajo en la tierra. Podemos pensar qué ha podido salir mal ¿el riego, quizás? ¿la exposición insuficiente o por exceso al sol? e invitarles a razonamientos y conclusiones que los niños y niñas explorarán y que les permitirá reintentarlo tomando en cuenta todos los factores intervinientes para conseguir el resultado que esperamos.
  • Los sentidos participan con total plenitud en el acto de sembrar, el tacto con las diferentes texturas de tierra y plantas, la vista que percibirá las diferentes formas y colores, la escucha en el disfrute de los sonidos de la naturaleza, el gusto y el olfato en las flores y en la siembra y cosecha de plantas aromáticas y/o productos de la huerta. Pero además, la jardinería es un proceso de interacción social y una gran aliada en el afianzamiento de las relaciones familiares e interpersonales. El acompañamiento del adulto en el proceso es importante porque ofrece oportunidades de compartir aficiones y empáticamente conectar con quienes están a nuestro lado durante ese proceso. Abuelos y abuelas, compañeros del cole, maestros... Los padres y madres que acompañan promueven implícitamente el interés por el otro, cuidar juntos de lo que se ha sembrado es un aprendizaje emocional en el que el compromiso es un valor y en el que se comparte también la espera paciente a que germine y florezca. La jardinería en este sentido es una actividad de satisfacción compartida y única emocionalmente.

    Permítanme que me detenga un poco en esto, porque uno de los aprendizajes más útiles que obtendremos de la jardinería, sobretodo a la luz de este mundo moderno de la inmediatez, es precisamente la paciencia. El respeto a los tiempos y a los ritmos naturales. Hay que cuidar y esperar. De modo que la paciencia es un ejercicio propio de quien siembra y su práctica favorece de forma trascendental a los niños y niñas. Aprender a esperar será un regalo útil para el resto de su vida. Plantar supone constancia y dedicación pero también compartir la satisfacción del logro obtenido. Cada una de las plantas tiene un tiempo que le es propio y eso nos conecta con el tiempo de la naturaleza, con las estaciones y en un plano más amplio, con el ciclo vida.
  • La jardinería es una actividad recreativa que obsequia a niños y niñas momentos de relajación y diversión, mientras les ayuda a planificar y pensar científicamente. Es un instrumento para conectarles de manera sensible con el planeta en el que viven y con los otros (animales y plantas) que lo cohabitan. La jardinería favorece el pensamiento divergente y la creatividad desarrollando la auto-confianza, la autoestima así como la capacidad para resolver problemas y ejercitando la tolerancia a la frustración. La jardinería nos ayuda a ser más tenaces, disciplinados y responsables, fortalece la paciencia y la curiosidad por lo que nos rodea y desarrolla nuestros sentidos conectándonos emocionalmente con nosotros mismos y los otros.

    Si tienes un jardín o una terracita ¡sácales provecho! no necesitas mucos metros sino disposición, tierra, semillas, agua y luz. Sólo espero que después de enumerar estas bondades emocionales y cognitivas, corras a buscar esa maceta que aún guardas vacía en la alacena, intentes sembrar esa patata germinada o recuperes aquel experimento simple de unas judías en algodón húmedo y el frasco de potito. Merecerá la pena despertar el asombro de tus peques, responder preguntas junto a tus hijxs y disfrutar de la maravillosa sensación de ver florecer tus plantas, redescubrir cómo rebrota la jardinera de tu terraza tras el largo invierno y disfrutar del placer inestimable de cenar unos deliciosos spaguetti con salsa pesto a partir de esa plantita de albahaca que sembraron juntos. 

    ¡Buen provecho! y hasta la próxima, familias...

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Alfareros de papel


Doctora en Psicología por la UAM. Madre de dos hijos y una enamorada del juego. Ha dedicado más de 20 años al tema de la infancia y al estudio del vínculo entre juego y desarrollo emocional y cognitivo. Colaboradora en el Blog Papel Picado con la columna Alfareros de Papel.

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